Tabacos S.N. Mezcla Pipes Martín

VN:RO [1.9.22_1171]
Promedio : 4.9
[ Votos : 161 ]
Tabacos S.N. Marca : Tabacos S.N.
Ingredientes : Virginia Latakia Oriental / Turco
Burley
Aromas : Otro Sin Especificar
Corte : Ribbon
Tipo : Mezclas Inglesas
Clasificación : Va-La-Or/Tur-Bu ++
Fuerza : 5 - Media a Fuerte
Fabricante : Sentimiento Nacional Aromatizado : 2 - Muy Delicado
País : Argentina Sabor : 5 - Sabroso a Lleno
Presentación : Bolsa Mezclador : Antonio Norberto Petti
Notas :
Los Tabacos S.N. se pueden adquirir en la → Tienda Online ← del maestro blender.
Mezcla comisionada por el artesano de pipas español Rafael Martín, se compone de Virginias rubios, hojas Orientales, Burley de calidad extra y una generosa medida de Latakia Siria, junto con un ligero toque aromático, especialidad del maestro mezclador.

VN:F [1.9.22_1171]
Se enciende Difícilmente / Fácilmente [ peso: 5% ]4.9
Se apaga con Frecuencia / Raramente [ 10% ]4.9
Fuma Caliente / Fresco [ peso: 5% ]4.9
Fuma Húmedo / Seco [ peso: 5% ]4.9
Pica al fumarse / No Pica [ peso: 15% ]4.9
Primera Mitad de la Fumada [ peso: 30% ]4.9
Segunda Mitad de la Fumada [ peso: 30% ]4.9
Promedio : 4.9 / 5
[ 161 calificaciones ]

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3 Catas para “Tabacos S.N. Mezcla Pipes Martín

  1. Tengo la gran suerte de tener un paquete de esta mezcla y la verdad es que no defrauda para nada, un sabor intenso para cualquier hora, aunque prefiero fumarla después de comer, tomando una copa de buen Brandy (mejor si es 1866), totalmente recomendable.

  2. La primera impresión visual de la labor es clara e inconfundible. Para quienes sepan a qué me refiero, se trata de la típica mezcla “inglesa” o “a la inglesa”. Hebras finas de virginia en varias tonalidades que van del pardo claro al amarillo trigueño, combinadas con pinceladas de Latakia oscura, casi negra. Me resulta claramente familiar, casi hogareño. Su aspecto me inspira confianza, intuyendo su aroma. Comparado con otra labor a la que podríamos también calificar como mezcla inglesa, el 965 My Mixture de Dunhill, el aspecto es similar, y sin embargo se aprecian claros matices que lo diferencian. Los brillos dorados, los coloridos del virginia tan contundentes que se advierten en la labor del blender argentino, no admiten comparación con las tonalidades más apagadas y acaso tristes de la mezcla de Dunhill. Además, diría que la nueva mezcla incluso lleva algo más de Latakia que la conocida lata redonda color marrón. La conclusión es casi evidente: Norberto ha trabajado a conciencia, ha mezclado con maestría los tabacos, pero sobretodo, ha utilizado una materia prima de primerísima calidad, y la ha dosificado con generosidad. Todo esto promete.

    La impresión olfativa es… para que nos entendamos, SEÑORIAL. Se trata de un tabaco con mayúsculas, adulto, un SEÑOR tabaco. El típico tabaco que de niños pensaríamos que sólo fuman señores mayores, señores SERIOS. El olor no es rotundo, ni contundente, y desde luego no es fuerte. No es un latakiado que te asalte las pituitarias a 20 centímetros de la nariz en cuanto abres el pounch. Ni mucho menos. Hay que ir “en busca de ese olor”, hay que desearlo, acercarse a la mezcla, y aspirarlo despacio, con los ojos cerrados. La sensación olfativa es tremendamente equilibrada, nada prevalece sobre los restantes elementos. La característica evocación a incienso, a bayas secas y ahumadas, está ahí, desde luego, pero tan suave que casi resulta exageradamente discreto. Acostumbrado a otras labores en que la Latakia aplasta los Virginias, resulta muy gratificante poder sentir ambos matices, en una comunión ideal, en un equilibrio casi mágico. Mezcla de aromas recios, ligeramente achocolatados de chocolate amargo y fuerte, pero que en este caso, es sumamente suave porque se trata de un virginia tierno y luminoso – nada que ver con las oscuras, contundentes y nicotínicas labores de Samuel Gawith – con el aroma ahumado, vegetal y casi centenario de la Latakia. Nuevamente, comparado con la labor de Dunhill, nada ataca nuestro olfato prevaleciendo sobre los restantes aromas, desequilibrando la mezcla. Es probablemente la mezcla de Latakia más suave y equilibrada que haya tenido ocasión de probar.

    La carga es sumamente fácil. Una mixtura clásica, con la humedad perfecta para éste tipo de labor – es decir, sin prácticamente un ápice de humedad – que se puede atacar e incluso prensar algo más de la cuenta en el hornillo, sin miedo al atasco. Al tacto, no deja marca en las yemas de los dedos, el tabaco no está “mojado”, pero tampoco se aprecia el “crepitar” de las hebras cuando está excesivamente seco. En definitiva, la humedad perfecta y justa para una combustión ideal. Mucho afamados productores tendrían que aprender de ésta prometedora labor.

    Encendido con una sola cerilla. Prende de forma armoniosa y fácil. Se ataca una vez, se aspira un poco… y a fumar. El aroma en boca se aprecia desde la primera pitada. Es un tabaco sabroso, indiscutible e ineludiblemente “inglés”, señorial, equilibrado, constante. Trato de recordar, y no consigo fijar en mi memoria una mezcla con Latakia tan suave y armoniosa como ésta, y que no resultase sosa. Porque se podrá decir que ésta labor es suave, pero desde luego no es sosa. Otros latakiados resultan tan fuertes que acaso saben algo agrios, con estridencias. No digo que piquen – un latakiado difícilmente puede picar – pero tienen un sabor fuerte, o mejor dicho, algunos matices demasiado fuertes en el conjunto de la labor, que desmerecen la mezcla. En éste caso, el equilibrio es perfecto y la suavidad justa. El resultado es una labor extraordinaria, y creo que no exagero. Desde la primera pitada, el aroma ahumado a incienso y madera vieja, invade nuestro paladar; pero lo más sorprendente es que no es una invasión a traición; el sabor llega sereno, despacio, y se asienta en la boca, con claras intenciones de quedarse porque se siente cómodo. No hay asomo alguno de picos de sabor. El placer es constante, armonioso y rotundo, y sorprendentemente, dada su evidente suavidad, no cansa, no sacia. Tras media hora de fumar lento y profundo, sin re-encendido alguno, tengo la boca totalmente impregnada del ahumado ligeramente acre tan característico de la Latakia, y sin embargo, mi paladar pide más, no se siente cansado. Paladeando un poco entre pitada y pitada, podemos advertir, al fondo, el sabor neutro, casi aromático del virginia, que baila, juguetea y se enreda en las hebras negras de la Latakia; es toda una sorpresa: no recuerdo un latakiado en que se pudiera apreciar tan claramente la base de virginia.

    La combustión es perfecta. La ceniza escasa y suelta, que permite atacar sin problemas y seguir fumando habiendo dejado las cerillas en la cocina. Y digo esto, porque uno está acostumbrado a atacar, porque se podría fumar más de media hora sin atacar la labor, y sin asomo de amenaza de apagarse. En el último tercio de la fumada, se intensifican los sabores a madera seca, a rastrojos del bosque quemados, a mil hierbas ahumadas, al humo milenario de la hoguera. Como en muy pocas ocasiones, consigo fumar hasta el último rescoldo de tabaco, dejando en el fondo del hornillo, un resto de ceniza gris claro, casi blanco, que cae en el cenicero, con solo volcar la pipa. Perfecto.

    A mi juicio, el blender se ha esmerado en extremo para realizar esta mezcla, y ha conseguido lo que parecía imposible: un equilibrio perfecto, una armonía magistral que convierte al tabaco en ese compañero ideal, que hace de una labor, TU LABOR PREFERIDA, diaria, cotidiana. Es un tabaco que no puede defraudar, porque es serio, sin estridencias, como un buen whisky escocés, como un traje de tweed, o como un Jaguar Sovereign. Serio, de alta calidad, magnífico, señorial. Un tabaco que no cansa, que se puede convertir fácilmente en la labor diaria para los momentos de serenidad y quietud. Porque, eso sí, para apreciarlo, se debe fumar cuando el tiempo parece detenerse, sin prisas, sin distracciones, acaso sentado en el mullido sillón de cuero del centenario salón de armas de un respetable club inglés, mientras lees el Times y cae la fina lluvia en la calle, o paseando el perro por el campo en una fría tarde de invierno…pero sin el temor a que la contundencia nicotínica nos distraiga de la lectura de las cotizaciones en la Bolsa.

    Para quienes conozcan otras labores de Petti, no les sorprenderá lo que han leído. Ha demostrado sobradamente su maestría en las mezclas, y especialmente en las que llevan Latakia. Comparativamente con la que quizás es más conocida en España, la “Mezcla del Rey”, cabe decir que ésta nueva mezcla, es menos dulzona, menos jovial, más rotunda y sobretodo más SOBRIA. Pero entiéndase por ello, como que con ésta mezcla, acaso ha alcanzado la maestría en cuanto a típicas mezclas inglesas.

    Acostumbrado a comprobar que últimamente las tradicionales típicas mezclas inglesas (sobre todo las de Dunhill) han perdido su equilibrio aromático – de “aromas” – convirtiéndose en labores estridentes e incluso algunas veces ligeramente picantosas, resulta muy gratificante descubrir una nueva labor que parece resurgir de la más típica tradición británica, deseosa de convertirse en el tabaco de cabecera de cualquier fumador que realmente sepa apreciarla. Recomendable para fumar a cualquier hora, siempre y cuando dicha hora, sea la que uno se reserva para disfrutar de una buena pipa.

    Esta cata esta realizada por mi amigo y gran fumador de pipa Rafael Nacher.

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